La semana pasada mi amigo Miguel Espigado me sorprendió muy mucho publicando este texto en su blog tras haber recibido uno de los fanzines. Se trata de una reseña sobre el propio zine y las dos canciones. Me gustó mucho no solo por la total espontaneidad del gesto y la buena crítica en si misma (a quién no le va a gustar que hablen así de algo que hace uno), si no también porque afina muy bien y da en el clavo sobre muchas de mis pretensiones creativas con ello. Como me hizo gracia además la mención al «vintage tecnológico del que compras barato por Wallapop» hoy vengo a comentar sobre el último aparato que ha pasado a formar parte de la familia Preciados: el Tascam Portastudio 02 (a.k.a el Cassetón).
Antes de nada un poco de contexto. Nunca he sido muy fan de Bruce Springsteen. Para mi es uno de esos artistas cuyos fans consiguen que le cojas más bien manía. En Santander concretamente hay gente que sigue recordándote el concierto que dio aquí en 2006 como «el mejor concierto de su vida». Casi veinte años después creo que esto dice más del tipo de público del Boss, que del propio Boss. Cinismo al margen (perdón), creo que hay también algo de componente generacional aquí: imagino que a mucha gente le marcó bastante el pelotazo de Born In The USA en sus años, cosa que a mi me pilla algo lejos. Lo siento Bruce: no eres tú, soy yo.
Pero como en todo hay excepciones, y aquí hago con Nebraska una muy gorda ya que no solo es el único disco suyo que realmente me gusta, si no que además me parece espectacular. Con el fue también la primera vez en mi vida que escuché mencionar las palabras «lo-fi« y «portaestudio« puesto que el álbum se publicó literalmente a partir de unas maquetas grabadas por el propio Springsteen en su casa con uno de estos. Si has seguido un poco las cosas que suelo publicar por aquí podrás deducir lo mucho que conocer esto me llegó a marcar, así que en este punto solo puedo decir claramente: gracias por esto Bruce.
Después de ello, durante muchos años quise tener un multipistas de cassette. Pero con el tiempo esta idea perdió fuerza así como mi propio interés por los cassettes, que quedaron relegados al semi-olvido en el interior de un pequeño mueble que lleva compartiendo espacio conmigo desde finales de los 90.
Pero una serie de coincidencias en torno al mundo del cassette que se han ido cruzando en mi camino en los últimos meses me han hecho desempolvar el mueble y recuperar su interior. Ahí ha aparecido de todo: desde Iron Maiden hasta los Gigatrón, el In Utero de Nirvana, grabaciones de ensayos con alguna banda indeterminada e incluso una movida techno sin ninguna etiqueta que lo identifique que vete tu a saber que es.

Con todo y en pleno uso de mi impaciencia y capacidades obsesivo-compulsivas no he tardado en acudir, esta vez si, a la endiablada aplicación de compraventa que Miguel menciona en su texto. Y así es como ha llegado a casa esta cuatro pistas de la foto de portada.
Y si, como podréis deducir no he tardado en ponerme a estrenarla. Ese «Talent Show» que podéis leer en la etiqueta de la cinta que tiene en su interior es la grabación maquetera de uno de los próximos temas que sacaré en el siguiente zine. La experiencia de hacerlo con esto: muy chula, no solo por el hecho del sonido de grabación analógica real que obviamente consigues si no también por la sencillez y comodidad que un aparato completamente limitado como este te aporta: cuatro pistas, rebobinar, grabar y dar al play. Eso hasta cuatro veces. Sin plugins, sin actualizaciones, sin nada que te distraiga de lo que únicamente quieres hacer: grabar una canción.
Y además de ello, hay algo muy personal en esto. Si ese mueble de cassettes me ha acompañado durante tantos años en todas y cada una de mis mudanzas es porque ese mueble es especial, es para mi el mueble al que nunca haces caso pero si faltase notarías que algo falla como apuntaba mi amigo Javi en la intro del primer zine. Porque ese mueble y las cintas que hay en su interior representan mi primer contacto vital con la música y, a partir de ahí, todo lo demás. Volver por tanto a rebobinar cassettes, pegarles etiquetas y todas las cosas que implica este formato conecta directamente con un montón de cosas muy guays que prácticamente tenía olvidadas. Si amigos, aquí también hay un mucho de componente generacional, no me escondo…
Tengo muchas ideas y cosas que me gustaría hacer con esto, un batiburrillo que flipáis. De todas ellas: se traducirán en cosas tangibles con suerte dos, o tres. Pero da igual, la cuestión es que mola. Mola mucho.
Mientras escribía este texto me he puesto de fondo el Nebraska de Springsteen y… me reitero: es un puto discazo.


Deja una respuesta